De pequeña me comía los chicles del suelo.
Odio los diminutivos que terminan en ete.
Tengo la osa mayor en los lunares de mi brazo.
No me gustan las ensaladas en plato.
Tengo dos muelas del juicio en el cajón de la mesilla.
Y, después de 9 años trabajando como Creative Copywriter y habiendo pasado por Contrapunto BBDO, Kitchen, Burns o Wunderman Thompson, aún no me ha tocado vender ningún detergente.
Para el resto de clientes como Mapfre, Sephora, Lexus, Banco Santander, Royal Canin, Acción contra el Hambre, Amnistía Internacional, Ramón Bilbao, Smart, Mercedes-Benz o Cruzcampo, por decir algunos, he hecho todo lo demás.
Desde TV, radio o street marketing, a estrategias social media o campañas digitales que partían de muy poco presupuesto, pero buscaban (obvio) mucha interacción. He tocado CTAs para subir KPIs, creado campañas en RRSS en las que Nadal perdía una de sus pelotas y David DeMaría cancelaba uno de sus conciertos y, sobre todo, he creado campañas con sentido, copies con alma y feeds con recorrido.
